domingo, 14 de septiembre de 2014

REFLEXIONES DE UN SEPTIEMBRE EXPLOSIVO

RESPECTO A NATURALIZAR LA MISERIA 

El verdadero puñete al “Guatón Loyola”

Septiembre con su escandaloso circo blanco-azul-y-rojo, la compra esquizofrénica de carne y la imposición de una celebración que, antes como tragedia y hoy como comedia, inunda el espíritu del “pueblo” festejando símbolos de la burguesía y sus conquistas. A ahogar en vino, chicha y terremoto el tedio de lo cotidiano, aprovechando la clase obrera ese espacio cedido para estar con los amigos y la familia: Sabemos cuán difícil es y lo necesario que es.  Sin embargo, aprovecharlo no implica quedarse sin cuestionar sus bases ideológicas y la utilidad que otorga esta fecha nuestros enemigos naturales, los capitalistas, para disolver todo movimiento en gestación y ganar tiempo antes de meter otro golazo.

En nuestras facultades y liceos ocurre algo similar. Las vacaciones son el comodín perfecto para cerrar nuestros lugares de organización, precisamente estos días donde una vez más, las dirigencias del Confech, sin preguntarle a nadie, deciden armar un “nuevo tipo” de mesa de negociación: sentaditos cara a cara con Bachelet. Funcionando como una sal efervescente, cualquier movilización parida en un segundo semestre corre grandes probabilidades de fallecer antes de tiempo, al ritmo de una cueca triste y borracha. 

“Capucha, calor, un guanaco por favor”.

No obstante,  septiembre tiene su as bajo la manga: la conmemoración del golpe militar anti-obrero viene a sacudir un poco el aletargado leviatán revolucionario y a inyectarle su memoria en un intento desesperado por enrostrar las lecciones del pasado. Pero no es suficiente.
Año a año, salen los capuchas a recordarnos “que septiembre es negro”, las federaciones realizan actos conmemorativos y todo queda en un silencio solemne que, más allá de incomodar, no cambia nada. Las “piedras conscientes” terminan solo por satisfacer caprichos individuales de iluminados, olvidando nuestra tarea como juventud: ir a los sindicatos, buscar la unidad efectiva con los trabajadores.

Los cordones industriales figuran como laminita de colección de los afanados de la historia y no como una lección histórica para el proletariado chileno, tradición que dicho sea de paso, nosotros tomamos y hacemos propia. Fuimos –y seguimos siendo- miles los que hemos salido a las calles a protestar, demandar y exigir; los que sufrimos en carne propia la represión en cada manifestación; los que al calor de la lucha fuimos descubriendo nuevas y potentes reivindicaciones; los que corrimos no de los pacos, sino a los libros, a buscar respuestas que la misma barricada -en unidad con los trabajadores- develaba sutilmente. 
Nosotros, los que nos aferramos al temblor y no queremos dejarlo ir.

Arroja la bomba.

Las discusiones explosivas entran al baile. Aparecen en portadas de los medios burgueses. Los Edwards-Copesa, escandalizados, tratan de criminalizar toda protesta e igualar los métodos a los fines. A hiperventilar una endiceochada clase trabajadora, a punta de miedo y bomba 4. A meterse en nuestros lugares de estudio a sapear y “denunciar el terrorismo”, sometiendo al movimiento estudiantil a un costoso juicio donde el único culpable es el juez. Arrojando una bomba con un poder tal, que ya se desearía cualquiera: la bomba de la naturalización de la miseria. 

Que todo se detenga no es casualidad. Este año se ha caracterizado por ser como un río de caca, lento y podrido. Las dirigencias de la Confech con su confianza en la mami de Chile. La derecha ganando espacio y paseándose en La Moneda como Pedro por su casa. La Nueva Mayoría conteniendo lo incontenible. Y entremedio de todo, la base universitaria mira con pasmo las subidas y bajadas de un Confech que, miope, es incapaz de mirar a la base. Reina una especie de tranquilidad la entrada de los pacos en cada salida de los capuchas. Las detenciones “azarosas” en las marchas, los montajes, forman parte del escenario actual y  no hay una fuerza real, concreta, que ponga el grito en el cielo y tome cartas en el asunto.

Es que nos parece normal que vuelen no sólo los cabros en los pastos de la U, sino las lacrimógenas sobre nuestras cabezas. ¿Nos parece normal? Espero –y quizás sea inocente de mi parte no esperar otra cosa- que no. Que nos indigne y nos arda el culo como si tuviéramos una bomba justo allí. Como si el golpe que vimos nos hubiera llegado a nosotros. Como si los caídos en dictadura y en esta democracia burguesa fueran nuestro compañero de trabajo, de estudio; nuestro mejor amigo, nuestro hermano, nuestro vecino. Como si cada uno de los fueguitos que se levantan en estas fechas encendiera algo dentro de nosotros, porque más allá de eso, no destruirán nada. 

Los trabajadores dando cara ¿y nosotros, qué?

El día 4 de septiembre, y contra todo pronóstico, el paro de la burocratizada CUT convoca más de 6000 trabajadores en las calles. Sindicatos de base, mucha juventud trabajadora, copando una calzada de la Alameda e interpelando a Bárbara Figueroa (PC) entre empujones con la CONSTRAMET. Pura "casualidad". Este año los trabajadores han demostrado principalmente, fuerza. Las minas paralizan a lo largo de Chile, cortes de ruta y bloqueos fueron la tónica, contra los despidos, contra las leyes de la dictadura que dejo ese Septiembre hace 41 años. No podemos seguir confiando en que Capitana Bachelé y su tripulación sean el garante del barco que se mueve en el mar de la desaceleración, si la primera orden significa tirar trabajadores por la borda. 

Además de esto, muchos secundarios salieron a esta misma marcha, con lienzos de unidad con los trabajadores y rechazando la reforma educativa y laboral. La tienen más clara que los universitarios, al parecer. La juventud sin miedo está ahí, y tiene que estar ahí. Algunos, escépticos, se abstuvieron de marchar y perdieron la oportunidad de plantear política frente a los trabajadores de base de la –todavía, le duela a quien le duela- central sindical más importante de este pedazo de tierra mal llamado Chile. Otros, rechazaron directamente la marcha; pareciera que el polvo sobre sus ojos les impide mirar más allá de las apariencias. Cobardes y canallas los que deciden darle la espalda a los trabajadores en este momento, tapando el sol con un dedo, pretenden igualar a los trabajadores con la burocracia sindical.

La cuenta suma y sigue: mientras nos quedamos esperando “que algo pase”, que llegue el Mesías y nos saque de la pasividad,  los secundarios y los trabajadores nos muestran cómo hay que hacer las cosas: hay que dejar el rodeo atrás y pasar a la ofensiva.

Buscar la respuesta en el fondo del asunto y no en el fondo del vaso.

Huasos Quincheros, Quilapayún. Conmemoraciones del Golpe y festejos del mismo.  Chile es un país extraño. Ultra polarizado, la derecha y los empresarios logran implantar su chip de basura. Pero hay algo con lo que no cuentan, y es que su chip viene con un error de fábrica elemental: la explotación. 
Los estudiantes y los trabajadores estaremos descansando, sí, es cierto. Pero las empanadas de pino y el pipeño, los montajes ridículos y la represión,  no lograrán dormir al gigante que estamos gestando. Es nuestra tarea el tomar en nuestras manos el curso de lo que nos queda de segundo semestre y disponernos a la lucha. 
La venganza individual no nos complace, no se hace suficiente. La juventud sin miedo y los trabajadores debemos levantarnos contra la herencia de Pinochet, contra su educación y su código del trabajo, por recuperar los sindicatos y nuestras federaciones para la lucha.

Salud.

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